Jardín Botánico Atlántico de Gijón: qué ver, precios y cómo llegar
El Jardín Botánico de Gijón está a las afueras de la ciudad y se llega en un autobús urbano normal. Dentro hay un laberinto de laurel con un faro en el centro, un robledal con árboles de trescientos y cuatrocientos años, un huerto con berenjenas blancas y salas donde te cuentan cómo de la corteza del sauce salió la aspirina.
El Jardín Botánico Atlántico de Gijón: qué es este lugar
Es uno de los sitios que siempre recomiendo visitar en Gijón si te gustan la naturaleza y los parques. De verdad merece la pena, y además es muy fácil combinarlo con la Universidad Laboral, el edificio monumental con torre que está justo enfrente.
Gijón (Xixón en asturiano) es la ciudad más grande de Asturias, a orillas del Cantábrico. El jardín botánico está en las afueras, al este de la ciudad.
La Universidad Laboral se construyó a mediados del siglo pasado como un gran complejo educativo, y hoy se dice que es el edificio más grande de España. Su torre, de unos ciento treinta metros, se ve desde casi cualquier punto y sirve para orientarse. Ahora dentro funciona el centro cultural Laboral Ciudad de la Cultura, y se puede visitar con guía: la plaza con columnata, el teatro, la iglesia con su enorme cúpula y la subida en ascensor al mirador de la torre, desde donde se ven la ciudad y la costa. Pero también sin visita guiada puedes ver el espacio interior y subir a la torre. Hay una entrada combinada para la visita y el jardín botánico, así que da tiempo a todo en un solo día.
Su nombre oficial es Jardín Botánico Atlántico. Se inauguró a principios de los 2000 y está dedicado a las plantas de las regiones atlánticas a ambos lados del océano. En un solo paseo pasas de la cordillera Cantábrica a un humedal canadiense con arroz salvaje, y de ahí a un pinar que parece de Escandinavia. Si conoces el Real Jardín Botánico de Madrid, este es otra cosa: mucho más grande, a las afueras y con mucho bosque atlántico. El jardín se divide en cuatro zonas: Entorno Cantábrico, Factoría Vegetal, Jardín de la Isla e Itinerario Atlántico.
Me quedé sorprendida de lo cuidado que está todo. Los caminos están limpios, cada planta tiene su etiqueta con el nombre en latín, español e inglés, y en cada zona hay un panel con un mapa y explicaciones. En varios edificios hay exposiciones que se leen con gusto incluso de adulto, y con niños todavía más. Mucho está también en inglés, pero no todo: algunas vitrinas y paneles históricos están solo en español.


Bonsái y programa de actividades

Nada más entrar hay una colección de bonsáis. En la entrada llévate el mapa en papel: todas las colecciones están numeradas, y con los números es fácil orientarse. También hay un mapa grande en un panel.

Qué ver en el Jardín Botánico de Gijón
Te lo cuento en el orden en que lo recorrí yo. Los números entre paréntesis son los de las colecciones en el mapa del jardín.
1. Entorno Cantábrico: montañas, turberas y dunas
A la derecha de la entrada empieza el Entorno Cantábrico. Entre la cordillera Cantábrica y el mar hay paisajes muy distintos, y aquí se muestran las plantas de los espacios abiertos: alta montaña (9), turberas (8), dunas costeras (6) y marismas (7). Hay muchas rocas, hierba seca y arbustos.


En la zona de dunas hay una barca de pesca de madera de verdad sobre la arena, y al lado un panel sobre la carpintería de ribera, la construcción tradicional de barcos en la costa. Antes se hacían de roble y castaño, una madera resistente que aguanta bien la humedad. Pero estos árboles crecen despacio, así que desde mediados del siglo XIX se empezó a usar pino y eucalipto.


Zona de dunas costeras

2. El laberinto de laurel con un faro
Junto a la alta montaña empieza el laberinto, uno de los rincones más divertidos del jardín. Los setos de laurel son más altos que una persona.

En el centro hay un pequeño faro blanco con el tejado rojo. Es una réplica del faro de Cabo de Torres, en el oeste de Gijón, y en la veleta pone 1923. El reto es llegar hasta el faro, y te metes en callejones sin salida más de una vez.


Dentro del faro hay una maqueta en tres dimensiones de cómo es una planta por dentro: células y vasos aumentados muchísimas veces. Nosotros tenemos venas y arterias, y las plantas tienen sus propios vasos. Por unos sube el agua con sales minerales desde las raíces hasta las hojas, y por otros se reparten por toda la planta los azúcares que se forman en la fotosíntesis. Si vas con niños, no te pierdas el interior del faro.



Junto al laberinto hay dos paneles que me gustaron mucho. El primero, «Héroes y villanos de nuestras plantas», habla de la psila del laurel, un insecto diminuto que chupa la savia de las hojas y hace que se enrosquen. Contra ella el jardín no usa productos químicos: suelta una chinche depredadora, Anthocoris nemoralis, que encuentra a la psila por sus secreciones dulces. El panel está dibujado como un cómic, así los niños lo entienden mejor. El segundo explica cómo es por dentro el tallo del laurel, lo mismo que enseña la maqueta del faro, pero con esquemas. Está en español y en inglés.

Y así se ve el laberinto desde arriba:

3. Bioma boreal americano: humedal de arroz salvaje y arces
Detrás del laberinto empieza la parte americana del Itinerario Atlántico. «Boreal» quiere decir del norte: es la franja de bosques de coníferas, turberas y lagos que atraviesa Canadá y Escandinavia. Aquí hay bosques de pícea negra (41) y de pino de Banks (42), una turbera con arándano rojo (46) y un humedal con arroz salvaje (45). Esta zona solo conecta con el laberinto: desde aquí no se puede pasar al resto del Itinerario Atlántico. Así que vi la parte americana y volví a la entrada.
El arroz salvaje (Zizania palustris) crece en la región de los Grandes Lagos, y los pueblos indígenas de Norteamérica lo recolectan desde hace muchísimo tiempo. Se llama arroz por su parecido: los granos son largos y oscuros, pero no es pariente del arroz asiático. En otoño, las aves migratorias se alimentan en estos humedales.


Humedal con arroz salvaje

El panel sobre el pino de Banks (Pinus banksiana) cuenta que estos bosques crecen en lugares secos y pedregosos y aguantan bien los incendios.
Por el camino te vas encontrando fuentes de agua potable, en el jardín hay varias.

En el bosque de ribera con aliso americano (44) crecen arces. Los pueblos indígenas del este de Norteamérica hacían cada primavera cortes en la corteza del arce y recogían la savia dulce, con la que preparaban sirope. Para un litro de sirope hacen falta entre treinta y cuarenta litros de savia. Canadá sigue siendo hoy el mayor productor de sirope de arce del mundo.


Arce
4. Jardín de la Isla: puentes, estanques e historia de la finca
Desde la entrada pasé junto a la colección de helechos (5) y crucé el río Peñafrancia hasta el Jardín de la Isla. Es la parte más antigua del botánico, la antigua finca del industrial gijonés Florencio Valdés. El jardín se creó en la segunda mitad del siglo XIX. Cerca de la entrada hay estanques con plantas acuáticas (25), puentecillos de ladrillo con barandillas blancas y helechos arborescentes; más adelante, arbustos ornamentales (18) y plantas de Oriente (17).


Aquí no tienes la sensación de estar en una colección botánica, es simplemente un parque antiguo y bonito. Hay sombra y silencio, crecen begonias a lo largo de los puentes y los helechos arborescentes se inclinan sobre el agua.


Fresas silvestres y un puente sobre el estanque


Begonia y helecho arborescente


Begonias junto al puente


Nandina
A lo largo de un muro de piedra hay paneles sobre la historia de la finca. Hablan de la fábrica de vidrio de Valdés, de su familia y de cómo se amplió el puerto de Gijón en aquellos años. Hay muchas fotos antiguas de la casa y del jardín.


Florencio Valdés y su familia


La fábrica de vidrio y el puerto de Gijón


El jardín y la casa de la finca en fotos antiguas
5. Los pabellones: historia de los jardines y flora cantábrica
Desde el Jardín de la Isla pasé junto a los frutales del Nuevo Mundo (11) hasta la parte alta de la Factoría Vegetal. Aquí hay dos pabellones con exposiciones y, al lado, aseos. No te saltes los pabellones: tienen algunos de los paneles más interesantes del jardín.

En la sala dedicada a la Cordillera Cantábrica cuentan el clima, la flora y la protección de las plantas de la región, y hay una maqueta en relieve del terreno con un corte de las rocas. En la otra sala está la historia de los jardines: del Edén, Egipto y los Jardines Colgantes de Babilonia a la Alhambra de Granada, Versalles y los parques modernos. En el panel de los jardines árabes puedes oler jazmín y azahar. En unos cubos giratorios se cuentan las historias de plantas que trajeron a Europa los «cazadores de plantas». Por ejemplo, en los siglos XVI y XVII se llegaban a pagar hasta 1500 monedas de oro por un solo bulbo de tulipán.



Rosa y ásteres
6. Factoría Vegetal: huertos del Nuevo y del Viejo Mundo
La Factoría Vegetal es la parte del jardín dedicada a las plantas que usa el ser humano: comestibles, medicinales, aromáticas, rituales y melíferas (16). Junto a los pabellones crecen plantas de América, como el falso pimentero y el agave.



Falso pimentero y agave


Los huertos se dividen en Nuevo y Viejo Mundo. En los huertos del Nuevo Mundo (15) crece lo que llegó a Europa desde América: calabazas, pimientos, maíz, tomates. En los del Viejo Mundo (14), sandías, okra, berenjenas, remolachas y puerros. Cada cultivo tiene su etiqueta con el nombre, el lugar de origen y un código QR. Incluso hay un bancal solo de malas hierbas y plantas de borde de camino (13).





Okra, de África oriental

Lo más inesperado del huerto son las berenjenas blancas de la variedad «White Egg». De verdad parecen huevos de gallina. De ahí viene la palabra inglesa eggplant: las primeras berenjenas que se vieron en Europa eran justamente blancas y ovaladas.


Berenjenas «White Egg»



Fucsia y cítrico
7. Quintana de Rionda, una colmena viva y la antigua botica
Junto a los huertos está la Quintana de Rionda, una quintana asturiana tradicional: casa, cuadra, molino y hórreo. El hórreo es un granero de madera sobre pilares de piedra que se levanta del suelo para que ni los ratones ni la humedad lleguen al grano. En los pueblos asturianos todavía hay muchísimos.

En un muro de ladrillo hay una gran cabeza de bronce del Busgosu, el espíritu del bosque de la mitología asturiana: mitad hombre, mitad macho cabrío y guardián de los bosques. En el jardín hay un recorrido de realidad aumentada, «Los Secretos del Botánico»: con el móvil puedes encontrarte con personajes de las leyendas asturianas.

En los edificios de la Factoría Vegetal también hay exposiciones. Lo primero que vi fue una colmena viva con paredes de cristal.


El panel de al lado te ayuda a encontrar la reina, las larvas y la miel. Y justo al lado hay una exposición sobre por qué los polinizadores están en peligro y qué puede hacer cada uno al respecto.

En una de las salas han recreado el gabinete de un naturalista viajero.

Después vienen las salas sobre plantas cultivadas. Un panel recuerda que Colón llevó al Nuevo Mundo trigo, vid y olivo, y que de allí llegó a Europa el maíz. En una vitrina hay mazorcas de distintas variedades, y hay escenas con maniquíes y herramientas antiguas.


En el edificio de al lado hay un molino antiguo y, junto a él, una exposición sobre el pan y los cereales.



Pan, cereales y maíz


Me gustó la vitrina con envases gigantes de productos de todos los días: cacao, piña en almíbar, vino. Ves enseguida cuántas cosas del súper vienen de las plantas.

Bajo el tejado de uno de los edificios hay una antigua botica con su laboratorio: matraces, alambiques, tarros con hierbas secas y paneles sobre plantas medicinales.


La antigua botica
El ejemplo más claro es el sauce. Su corteza se usaba como analgésico desde la Antigüedad, de ella se aisló la salicina, y a partir de esta llegó el ácido acetilsalicílico, es decir, la aspirina.


Al lado hay un panel sobre plantas estimulantes: café, té, mate.

8. Frutales del Viejo Mundo
En la parte baja de la Factoría Vegetal están los frutales del Viejo Mundo (12): granados, caquis, cítricos y nísperos europeos. Ojo, no es el níspero japonés de las fruterías: el níspero europeo es una fruta antigua que solo se come muy madura, cuando la pulpa se ablanda.



Níspero europeo y caqui

9. Bosques cantábricos: acebo y arce campestre
De aquí pasé por la parte oeste del Entorno Cantábrico: bosques (1), plantas acuáticas (4), matorrales (2) y prados (3). En la zona de bosque están los bosques típicos del norte de España, como los hayedos con mercurial perenne.

En el sotobosque hay mucho acebo, que en otoño se llena de bayas rojas.


Acebo

Aquí también crece el arce campestre (Acer campestre), con sus hojas pequeñas y lobuladas.


Arce campestre

10. De nuevo en el Jardín de la Isla: estanque, eucaliptos, pérgolas y la vieja pista de tenis
Luego volví a pasar junto a los frutales del Nuevo Mundo (11) y regresé al Jardín de la Isla.

Aquí hay arbustos ornamentales (18), rocallas (23), bulbosas (22) y camelias (19), y también un estanque con fuente bajo grandes árboles.



Coníferas y cedro

Aquí está la casa de la finca, y en el Jardín de la Isla se conserva además la pista de tenis más antigua de Asturias. En esta parte hay muchas pérgolas, esculturas antiguas, grandes plátanos de sombra y eucaliptos.


En otoño, las hojas aquí ya se ponen amarillas y rojas.

Los eucaliptos son enormes, para verlos tienes que echar la cabeza hacia atrás.


Eucalipto


Estatua cubierta de musgo


Pérgolas y plátanos de sombra
11. Bioma boreal europeo: píceas, abedules y pinos
Detrás de la casa de la finca empieza la parte europea del Itinerario Atlántico. Aquí hay un bosque de píceas (26), aliseda boreal (27), abedulares (28), saucedas (29), pino silvestre (31) y una turbera con abedul enano (32). Sobre el suelo húmedo hay pasarelas de madera, y entre los árboles, grandes rocas. Un panel explica que el pino silvestre crece donde a otros árboles les cuesta: en suelos secos, pobres o, al contrario, encharcados.



Bosque de píceas

Abedules, pinos y pasarelas: parece un bosque del norte, en algún lugar de Escandinavia.

Casi todos los caminos de esta zona son pasarelas de madera.


A tus pies hay helechos, que en otoño se vuelven rojizos.

El pinar es luminoso, y el suelo está mullido por la capa de acículas.



Polipodio
12. Aliseda junto al río y robledal
Después el recorrido llega hasta el extremo del jardín, a los bosques templados europeos: la aliseda junto al río (35) y el robledal (36).

Los senderos van unas veces por tierra y otras por pasarelas de madera.

Carbayo es como se llama en asturiano al roble común, y una carbayera es un robledal. Un panel junto al sendero cuenta que este bosque no se tala desde hace unos ciento cincuenta años.


Aquí hay humedad, silencio y casi nadie.


Aliseda

Bajo los árboles crece mercurial perenne (Mercurialis perennis), una planta común en los bosques húmedos de hoja caduca de Europa, y en los troncos caídos hay muchos hongos.


Trametes

Los senderos aquí son estrechos, con hierba alta a los lados.


13. La pradera de pícnic
Atravesando el bosque mixto (38), el sendero sale a una pradera con mesas de pícnic de madera, casi dentro del bosque. En el mapa es fácil encontrarla por los iconos de aseo y de fuente. Llévate algo de comer: aquí se está muy a gusto para sentarse a comer después de un par de horas de paseo.


14. Hayedo y Carbayera de El Tragamón
Desde la pradera fui por el sendero de arriba, a través del hayedo (39) y del bosque mixto (38), hasta la Carbayera de El Tragamón (37). Es un Monumento Natural protegido, y aproximadamente la mitad del robledal forma parte del jardín botánico.

Otro panel habla de las carboneras. Hasta el siglo XX, en la cordillera Cantábrica el carbón vegetal se hacía a mano: se apilaba la leña alrededor de dos troncos verticales, se cubría con tierra y ramas y se quemaba despacio, casi sin aire.



Hayedo y bosque mixto


Más de sesenta robles de la Carbayera tienen más de trescientos años, y algunos, más de cuatrocientos.

15. El Bosque de los Niños y el camino a la salida
Junto a la Carbayera hay una zona infantil, el Bosque de los Niños. En el centro hay una enorme cabeza de un ser fantástico entre helechos arborescentes: de su boca sale un tobogán, y al lado hay un túnel para gatear. En esta zona viven personajes de las leyendas asturianas, como el cuélebre, una serpiente alada que, según la tradición, guarda tesoros.


Bosque de los Niños
Desde aquí bajé de nuevo hacia la salida.



Camino de la salida todavía había prímulas en flor.

Se sale por la misma entrada principal.

Cómo llegar al Jardín Botánico de Gijón
El jardín está en las afueras, al este de la ciudad, junto a la Universidad Laboral. Desde el centro lo más fácil es ir en autobús o en taxi.
- Autobús: línea 1 de EMTUSA, la empresa municipal de autobuses (recorrido El Cerillero – Hospital de Cabueñes), parada Jardín Botánico. El billete cuesta 1,50 € y se puede pagar con tarjeta o en efectivo. Al jardín llegan también otras líneas, la ruta se consulta fácilmente en Google Maps
- Taxi o Uber: desde el centro, unos 7-10 €
- En coche: hay aparcamiento junto a la entrada
Información práctica
- Dirección: Avenida del Jardín Botánico, 2230, 33394 Gijón, Asturias
- GPS: 43.521502, -5.615784
- Horario: enero, febrero y de octubre a diciembre, 10:00-18:00; marzo, 10:00-19:00; abril y septiembre, 10:00-20:00; de mayo a agosto, 10:00-21:00 (compruébalo en la web antes de ir)
- Cierre: los lunes (en julio y agosto abre también los lunes)
- Último acceso: 45 minutos antes del cierre
- Entrada: general 2,90 €; de 12 a 26 años y mayores de 65, 1,80 €; menores de 12 años, gratis
- Universidad Laboral (justo enfrente): visita guiada de unos 75 minutos, 6 € (reducida 4,50 €), horarios en laboralciudaddelacultura.com
- Entrada combinada visita a la Laboral + jardín botánico: 7 € (reducida 5,50 €)
- Visitas guiadas: incluidas en el precio de la entrada, mejor reservar con antelación
- Inauguración: 2003
- Superficie: unas 25 hectáreas, con unas 30.000 plantas de unas 2000 especies
- Cómo llegar: autobús n.º 1 hasta la parada Jardín Botánico (1,50 €), taxi desde el centro 7-10 €
- Tiempo necesario: mínimo 2 horas, mejor 3
- Web: botanico.gijon.es
- Google Maps: ver ubicación
Consejos
- Tiempo: mínimo 2 horas, y mejor 3 si no vas con prisa. Si te pones a leer los paneles de los pabellones, es fácil pasar aquí media jornada
- Combínalo con la Laboral: el edificio de la torre está justo enfrente. En la visita guiada se sube al mirador de la torre, y la entrada combinada con el jardín cuesta 7 €
- Mapa en papel: las colecciones están numeradas, y con los números es fácil planificar el paseo
- La parte americana junto al laberinto: desde ahí no se puede pasar al resto del Itinerario Atlántico, tendrás que volver a la entrada
- Comida: al fondo del jardín hay una pradera con mesas de pícnic casi en el bosque, y bancos hay muchos por todo el jardín
- Aseos: junto a los pabellones de la parte alta de la Factoría Vegetal y en la pradera de pícnic
- Agua: en el jardín hay fuentes de agua potable
- Calzado: muchos caminos son de tierra y después de llover pueden estar húmedos
- Con niños: el laberinto con la maqueta de la planta dentro del faro, el Bosque de los Niños con su tobogán, la colmena con abejas vivas y los paneles en forma de cómic
- Idiomas: los paneles principales y las etiquetas de las plantas están en español e inglés, pero algunas vitrinas y paneles históricos solo en español
- Agenda: en la entrada hay un cartel con el programa de actividades (visitas guiadas, talleres, charlas)
- Lunes: el jardín cierra, salvo en julio y agosto
Preguntas frecuentes
En el autobús urbano n.º 1 de EMTUSA hasta la parada Jardín Botánico. El billete cuesta 1,50 € y puedes pagar con tarjeta o en efectivo. En taxi o Uber desde el centro te saldrá por unos 7-10 €.
La entrada general cuesta 2,90 €, y para jóvenes de 12 a 26 años y mayores de 65, 1,80 €. Los menores de 12 años entran gratis. Hay una entrada combinada con la Universidad Laboral por 7 €.
Un mínimo de 2 horas para recorrer las zonas principales. Si quieres pasear con calma por el bosque y leer los paneles de los pabellones, mejor calcula 3 horas o más.
Sí. Al fondo del jardín hay una pradera con mesas de madera para pícnic, con aseo y fuente al lado, y también hay muchos bancos. Mejor lleva la comida desde casa.
Sí: está el laberinto de laurel con el faro, el Bosque de los Niños con su tobogán, la colmena de cristal con abejas vivas y los paneles en forma de cómic. Los menores de 12 años entran gratis.
Los paneles principales y las etiquetas de las plantas están traducidos al inglés, pero algunas vitrinas y paneles históricos están solo en español.
Los lunes, salvo en julio y agosto. El horario cambia según la temporada: en invierno abre hasta las 18:00 y en verano hasta las 21:00. El último acceso es 45 minutos antes del cierre.
¿Merece la pena el Jardín Botánico de Gijón?
Sí, sobre todo si te gustan los sitios tranquilos. Puedes simplemente pasear o ir leyendo los paneles. Aquí aprendí muchas cosas nuevas, tanto de plantas como de Asturias. Para mí es uno de los sitios más agradables de Gijón.