La magia de Estambul
Cada día, vagaba por Estambul, sumergiéndome en multitudes informes de personas, el ajetreo y el bullicio, despegando capa tras capa del encantador velo de misterio de esta ciudad. Buscaba lugares inexplorados que me regalaran nuevas oportunidades para bellas fotografías. Cada momento fugaz capturado, el clic del obturador mezclando realidad y fantasía, me permite, aunque sea brevemente, sentir la magia del momento presente, vislumbrar la belleza oculta de las cosas a través del objetivo. Estambul, como un viejo cofre en el desván, cobraba vida ante mí cada día, compartiendo sus secretos y otorgándome descubrimientos inesperados.



Este sombrío edificio de apartamentos fue uno de los primeros edificios completamente electrificados de Estambul. En la entrada vecina, en el tramo de la misma escalera, se ha conservado un ascensor antiguo en funcionamiento. Como una reliquia del pasado, este fragmento de una época pretérita, con un suave crujido, me llevó piso a piso hasta la cima. Un largo pasillo conecta las dos partes del edificio, con viejas puertas de apartamentos a ambos lados. Al caminar por este pasillo, casi podía escuchar los ecos fantasmales del pasado, como si conversaciones olvidadas, risas y el bullicio de los residentes regresaran para compartir sus secretos.


Misterioso y fascinante, el espacio se ilumina con destellos coloridos de luz que se filtran a través de las vidrieras en el interior de la basílica gótica de ladrillo rojo… Al cruzar el umbral, dejando atrás la bulliciosa y concurrida Avenida Istiklal, el tiempo parece detenerse, velando el ajetreo diario y envolviendo todo en una bruma mística.

Inspirados en la concha del nautilo, los arquitectos diseñaron la cúpula de esta mezquita en forma de espiral, utilizando bloques de vidrio verde oscuro. Los vibrantes rayos de sol que se filtran a través de la cúpula en un día soleado bañan la elegante geometría de las paredes en ondas resplandecientes, creando una atmósfera interior de sacralidad y misticismo.


